Umbanda Tenerife

 

 

Oraciones

 

Y Ojos Cerrados

Por Cassio Ribeiro (Umbandista, profesional de radio y presidente de Fucabrad)

Sentado delante de su congá un viejo Pai de Santo se recuerda con sorprendente nitidez su infancia y su primero contacto con la espiritualidad. Nítidamente se ve en la tierna infancia a jugar solo en el amplio patio de la casa de sus padres. Se acuerda que alguna cosa le hizo mirar para las nubes y delante de él se formó una extraña imagen: un viejo sentado alrededor de una hoguera y un niño escuchando historias. De alguna forma el niño cuando vio la imagen sabía que se trataba de él mismo.

El tiempo pasó y la imagen jamás olvidada y tampoco revelada, le acompaña en sueños y recuerdos. Crece y en fin tornase médium Umbandista. Poco a poco conoce sus guías, que toman su cuerpo en las muchas "giras de desenvolvimiento".

Primero el Caboclo que le parece grande y fuerte, después los demás, hasta que a los 18 años su Exu también recibe permiso para incorporar. Ya no es más médium de giramiento a bien de la verdad ocupa el cargo de Pai Pequeno de terreiro.

Se da cuenta de que no tuvo la misma adolescencia que los demás jóvenes del colegio. No va a bailes, fiestas... Se dedica con una curiosidad y un amor cada vez mas grande en la práctica de la caridad. Los años pasan y a la final abre un terreiro propio.

Muchas personas buscan sus guías y reciben como un calmante, una palabra de consuelo y esperanza... Tantos fueron los pedido y tantos trabajos realizados que perdió las cuentas. Vio a muchas personas que declaraban amor eterno a Umbanda y bastaba que no se lograra algún pedido en la plenitud deseada que ya se apartaban criticando lo que ayer les era sagrado...

Fue testigo de personas que vinieron de otras religiones y que encontraron paz dentro del terreiro, mantenido a duras penas, una vez que no se cobraba nada por los trabajos realizados ("Dar gratuitamente lo que gratuitamente recibes").

Se permanecía soltero hasta la fecha, pues mismo de haber tenido muchas mujeres que le costaron caro, ninguna de ellas aguantó permanecer a su lado, pues para él, la vida sacerdotal se anteponía a cualquier relación.

Amaba así mismo todas aquellas que le hicieron compañía en su jornada terrenal. Jugaba, el viejo Pai de Santo, cuando le preguntaban se era casado y contestaba, de buen humor, que se había casado muy temprano, cuando era un niño. A curiosidad de los oyentes cuanto a quién era la esposa, la saciaba con una sola palabra: Umbanda, así se llamaba su esposa.

Con el pasar del tiempo, la edad fue llegando; muchos filhos de fe siguieron sus destinos llegando a abrir también sus casas de caridad.

El peso de la edad no le impide recibir sus entidades. Aún ecua, por el viejo y querido terreiro, el grito de su Caboclo, la pipa del Preto Velho perfuma el ambiente, la carcajada del Exú todavía impresiona, la alegría del Ere emociona a él y a todos...

En fin se siente útil al trabajar... Hoy no es día de giramiento. El terreiro está limpio, las velas están encendidas y todo parece normal. Resuelve adentrar al terreiro para pasar el tiempo, perdió la noción de la hora. Siente pasos a su alrededor, se da cuenta que alguien empieza a tocar los puntos y que toca el atabaque. Él está de espaldas para todo y delante del conga.

El olor de la defumación invade sus nariz...

Sus ojos se llenan de lágrimas en la misma proporción que su corazón se llena de alegría. Curiosamente, no tiene coraje o ganas de mirar para atrás, apenas canta junto los puntos.

Fija su mirada en las imágenes del altar, cierra los ojos y aún así ve nítidamente el conga, parece darse cuenta que el movimiento del terreiro aumenta.

Voltease para el terreiro y la imagen le sorprende: ve caboclos, boiadeiros, pretos velhos, marujos, baianos, eres y toda gama de guías, hasta los Exus y Pomba Giras están allí en la puerta.

Se da cuenta que les ve como son, no están incorporados. Todos les sonríen con amabilidad. En medio a tantos guías, siente los que recibe en su materia desde que era un niño. Intenta batir coco en homenaje a ellos pero algo le impide. El caboclo, su guía de frente, se adelanta, le abraza, suelta su grito guerrero... los demás le acompañan. El viejo Pai de Santo no aguanta y llora emocionado... las lagrimas le turban la mirada. Cierra los ojos y cuando los abre todos los guías están en sus sitios, pero callados...

Siente una luz brillante en su dirección, Iansa y Omulú se acercan, su caboclo los saluda y es saludado. La luz le envuelve completamente. Ya no se siente viejo; mejor dicho, se siente joven como nunca antes. Su cuerpo esta ligero y se levanta en dirección a la luz. Todos los guías se reverencian. El terreiro se queda lejos y envuelto en una luz... él sonríe alegre, la misión estaba cumplida...

En el día siguiente, encuentran su cuerpo al pié del conga. Tenía en sus labios una sonrisa.